19 años oyendo, viendo, escuchando, pero no sintiendo. Me crié en un colegio religioso, y a mucha honra, y me enseñaron muchas cosas sobre el tercer mundo. Campaña del Domund, Campaña de Navidad, Cáritas, Día de la Paz y miles y miles de historias más para intentar sensibilizarnos sobre el tema. Todas estas historias te conmueven y como muchísimo lo piensas durante dos días. Pero nunca te quitan ni el sueño ni el hambre.
Y de repente, vas madurando, y hay algo dentro de ti que te obliga a mandar la inscripción de un campo de trabajo. Y medio año después te subes en el avión que te va a llevar muy lejos, no sólo en distancia, sino que te va a llevar muy lejos de tu vida y de todo lo que vives en el día a día.
No sé para que escribo esta reflexión, no quiero contar anécdotas, no quiero decir nombres, ni siquiera decir donde estuve. Pero sólo por una razón, no tengo palabras para explicarlo, ni tengo papel, ni espacio en la entrada.
Sólo hay una palabra, una sola, que resume mi experiencia, mis recuerdos y mis sentimientos…….felicidad.
Felicidad porque ahora soy consciente de lo que tengo.
Felicidad porque hice reír a los niños que no tienen nada.
Felicidad porque sentí miedo.
Felicidad porque ahora sólo pienso en volver.
Felicidad porque aún con todo lo que se ve allí, encontré gente a la que no le cabe el corazón en el pecho.
Felicidad porque he aprendido a ser feliz en nuestro mundo.
¿Me recordarán lo niños con los que viví? No creo, pero lo que he crecido yo, lo que les hice reír, lo que aprendí, lo que viví, lo que vi, han hecho de mí una persona mejor, más tranquila y lo más importante, han hecho de mí una persona con ganas de poner mi granito de arena en intentar cambiar lo que ocurre tras los muros que nos rodea.
:) me encanta :)
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